
127 HORAS es la historia verdadera del montañista Aron Ralston y su increíble aventura por salvarse después que una piedra suelta cae sobre su brazo y lo atrapa en un estrecho y aislado cañón de Utah. A lo largo de su suplicio, Ralston recuerda a amigos, amantes, a la familia, y a las dos excursionistas que conoció antes de su accidente. A lo largo de los siguientes cinco días, Ralston batalla con los elementos y sus propios demonios; hasta finalmente descubrir que tiene el valor y la entereza para zafarse por cualquier medio que sea posible, bajar por una ladera de 20 metros de alto y caminar por más de doce kilómetros hasta que es finalmente rescatado.
La cinta es protagonizada por James Franco, dirigida por Danny Boyle, escrita por Boyle y Simon Beaufoy y producida por Christian Colson; quien anteriormente trabajó para Slumdog Millionaire.
Lo que no sabías de 127 horas...
Además de rodar en el auténtico Blue John Canyon, la diseñadora de producción y de vestuario Suttirat Larlarb reconstruyó también en un escenario el espacio de pocos centímetros de anchura donde Ralston quedó atrapado, lo que aportó mayor flexibilidad y seguridad a la hora de rodar durante un período prolongado. Para que el diseño fuera absolutamente fidedigno, el equipo delimitó cada uno de los contornos del terreno y construyó a escala las arqueadas paredes del cañón así como la roca de más de 360 kilos de peso que mantuvo prisionero a Aron.
Hoy conocido principalmente por aventureros escaladores, montañeros y especialistas en descenso de cañones, Blue John está tan lejos que un helicóptero tenía que transportar al reparto y al equipo técnico y de realización una y otra vez, pasando luego la noche en un campamento ubicado en plena naturaleza.
Para meterse aún más en el papel, Franco se entrenó en un gimnasio de escalada y perdió peso hasta lograr un físico estilizado y propio de un amante de la naturaleza como Ralston. Leyó algunos libros sobre grandes escaladores y aventureros de la montaña, y también se preguntó internamente si realmente habría sido capaz de hacer lo que hizo Aron para sobrevivir.
Fue la manera poco convencional de enfocar la película de Boyle lo que estimuló a Franco a continuar incluso cuando las exigencias de producción le mantenían agónicamente inmóvil y tiritando dentro de un gélido cañón, día y noche.
Franco pudo comprobar en sí mismo la visión de Boyle cuando la llevó a cabo manteniendo al actor, a veces hasta un grado alarmante, dentro de un espacio sumamente estrecho, incómodo y casi desquiciante durante casi todo el rodaje. Franco estaba tan comprimido en el interior del decorado réplica del cañón que al finalizar el rodaje estaba lleno de magulladuras, sarpullidos y marcas.
Aquí les dejo el trailer de 127 horas para los que no se la han visto se la vean.
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